jueves, 23 de mayo de 2013

¿Y ahora a quién votamos? Menudo lío.


Hay un día en que mira por donde todos los políticos se ponen de acuerdo en algo y te hacen llegar el mismo mensaje... “Hoy toca ir a votar”. Y después en todos los canales de TV las mismas escenas de lugar y hora con los candidatos introduciendo su voto en la urna, acompañado de su cónyuge; aplausos y marea de fotógrafos. Ser reportero ha dejado de ser un acto romántico como nos los pintaron en las viejas películas de cine negro americano. Ese día se olvidan las peleas televisadas: “Aquí lo democrático es que vayáis a votar”.
¿Y si votas tú?
Supongamos que seleccionas y metes en un sobre la papeleta esa famosa que te presentan los partidos políticos con sus respectivas listas de candidatos, después del machaqueo del periodo electoral. Tienes muchas donde elegir, y eso te da la sensación de que al escoger una de ellas estás ejerciendo tu consabido “derecho al voto". En ese momento, no se te ocurre que los nombres que te aparecen en ella han sido nombrados a dedo por el jefe de partido; y puede que dos o tres personas más de confianza. No han sido seleccionados en una votación llevada a cabo por todos los integrantes de ese partido. Ni siquiera una representación de esos socios ha sido la electora. Y desde luego, lo que nunca, nunca, nunca serán elegidos en una partidocracia es por los votantes. Pero aunque los nombres de la lista los hubiéramos elegido los ciudadanos, seguirían representando no al ciudadano, sino al partido. Por ello, lo de las listas abiertas, podamos elegir nosotros o cambiar el orden, no nos sacaría de la situación, porque ese nombre representarían al partido. Se presenta por el partido, no por nosotros. Representará al partido, no a nosotros. Mal empezamos, pero sigamos.

¿Os imagináis las luchas intestinas, odios, envidias, corrupción, obediencia ciega al jefe, falta de crítica, traiciones, que el simple deseo de mantenerse en el puesto con sus privilegios puede comportar un sistema así? Nombrar a dedo tiene muchos números para que se den casos de nepotismo (metes a la familia), amiguismo, intereses personales, ausencia absoluta de mérito, cleptocracia (meter mano en la caja), carencia de formación de los candidatos y todos los males que después se han vertido en esto que llaman democracia nuestros políticos. Y el mal se extiende como una mancha de aceite, porque quienes aparecen en los primeros puestos de las listas saldrán elegidos y serán jefes de otros nombrados también a dedo que a su vez serán jefes de otros... y así la interminable cadena hasta llegar a los últimos pesebristas que perciben las últimas migajas del pastel. 

Nadie podrá negar que nos hallamos ante el manual básico para que se establezca, con muchas papeletas, la corrupción. Y si por desgracia algo empieza funcionando gracias a la corrupción, seguirá de la misma manera. Peor aún, como la manzana podrida pudre a las demás; si otro partido ve que esto al vecino le ha funcionado bien, se plateará ¿por qué yo no? Y también tendrá papeletas para apuntarse al carro. Y si esto pasa, se crea un efecto dominó con los demás partidos, donde se reiterará el proceso. Cuando se da un efecto dominó, si una ficha queda en pie es porque ha habido mala planificación o por simple azar. Así que la excepción confirmaría la regla de la corrupción.

Bueno, pues ya tenemos a los diputados. Como deben obediencia a su amo votarán a su jefe, que así se autoenviste Presidente de la Nación, olé. Por lo tanto, al presidente no lo han elegido los ciudadanos, sino que él mismo ha elegido a quienes lo tienen que elegir, y en un solo acto y sin votación previa, todo resuelto... surge un ¿Presidente!

¿Y si no metes nada en el sobre y votas?

Eso es lo que llaman voto en blanco. Si tomas esta opción significa que estás de acuerdo con este sistema oligárquico de partidos pero que no te gusta ninguna de las opciones que te han presentado. Eso sí, si te hubiesen presentado a algún partido de tu gusto los hubiese votado porque estás completamente de acuerdo con este sistema. Votar en blanco es aceptar el sistema igual que si hubieses votado a un partido: estás de acuerdo con lo que hay.
El voto en blanco cuenta en el escrutinio y además en las estadísticas de participación. Estas estadísticas son las que legitiman al gobierno que se forme. Ojo al dato.
Entonces, ¿Qué pasa con el voto en blanco? Al aplicar el sistema D’Hondt, que es el que escogieron para España, los partidos pequeños lo tendrán más crudo para alcanzar el 3% necesario.

¿Y si metes en el sobre cualquier modificación en la papeleta u otro papel?
Con eso lo que haces es que contabilicen el voto como nulo. No afecta en las cuentas pero si cuenta en la participación. Está claro que has votado y te contarán en el % de votantes.

¿Y si no vas a votar?

A no ir a votar se le llama abstención. Eso contabiliza para los políticos y sus correas de trasmisión (los medios) como día de playa, pasotas o vagos si son pocos quienes se abstienen. En estos momentos, la situación es diferente. No hay nada que aterrorice más a los políticos que verse sin votantes. Si los que se abstuviesen fuesen un 60% no podría evitar el mensaje de que este sistema de partidocracias está acabado... los ciudadanos lo rechazan. Sería un directo tan fuerte al estómago de todos los políticos que los dejaría KO, además de un escándalo internacional. Las próximas Europeas pueden iniciar el camino de la república constitucional o la monarquía constitucional. Me da igual, mientras la constitución se limite a un reglamento neutro como el ajedrez carente de ideologías, que separe poderes y permita no solo la representación de la sociedad civil sino que cualquiera se pueda presentar como diputado de distrito con carácter imperativo, o Presidente de la Nación. La abstención también es una forma de expresar nuestra voluntad y de cambiar las cosas.
Vicente Jiménez



sábado, 18 de mayo de 2013

No es posible la solución en las ideologías ni en los partidos


Los dedos se me van sin querer al teclado del ordenador cuando las ideas me surgen como un acto reflejo ante lo que escucho o leo al azar en un medio cualquiera de comunicación. La pregunta que acaban de soltar me resulta casi capciosa; y digo “casi” porque desconozco si la formulan por ignorancia o por maldad.
¿Ha llegado el momento de los partidos pequeños y decir adiós al PP y PSOE?
Ni se enteran ni quieren admitir que mientras tengamos enquistados a los partidos políticos en el Estado no habrá división de poderes. Eso es precisamente a lo que aspiraban Hitler y Mussolini; y su sueño era además meter a la sociedad civil también de manera que formase parte del Estado, en palabras de A.G Trevijano. Desde que acabó la Segunda Guerra Mundial estamos sufriendo esos entes abstractos que pululan por Europa enquistados en el Estado, máquinas de corrupción en serie. Ya quedamos en que los partidos políticos jamás debían formar parte del Estado:
1ª Condición P∩E= θ siendo P el partido político y E el Estado.
Por lo tanto, aquí sobra plantear que si PP, PSOE, CiU, ERC partidos pequeños, comunistas, extrema derecha, y el que sea. 

En la guerra de Independencia Americana el patriotismo fue un arma nueva que consiguió unir a granjeros, tenderos y toda una población en defensa de la libertad contra las tropelías de los políticos ingleses. Abatieron al ejército más poderoso del momento... En nuestro caso, esa unión patriótica surgida para los americanos ante la amenaza de un ejército exterior podría inspirarnos para la posibilidad de unirnos ante otra amenaza tan destructiva como la de la crisis financiera; y el reino de la impunidad aliado a la corrupción. La sociedad civil debe despertar y salir de ese estado de desconocimiento y letargo donde el poder la tiene encorsetada y engañada. No existe solución en las ideologías ni en los partidos: no la hay ni la habrá nunca; ni tampoco surgirá nada bueno para nosotros de ninguno de las dos. Cada vez que alguien dice “estamos en una democracia” alimenta al monstruo. No lo estamos. No estamos en una democracia: estamos en una partidocracia.
El ciudadano medio debe tomar conciencia de la existencia y posibilidad de aplicar unas nuevas reglas de juego que desconoce, y que sí constituirían una verdadera democracia. Este reglamento es muy sencillo y ha de ser difundido por todos nosotros, porque el sistema de partidos nunca actuará en contra de ellos mismos y no lo difundirá,
No podemos hacer nada … ellos (el poder) harán lo quieran.
Sería un grave error y nuestra cadena perpetua confundir desconfianza hacia los políticos con desconfianza hacia la política; todo lo contrario, debemos tomar las riendas. Es cierto que carecemos de representación desde el momento en que nos colaron el sistema proporcional. Para empeorar las cosas, las listas cerradas las propone el jefe de partido y las listas abiertas tampoco ofrecerían ninguna solución, el mandato imperativo lo ejerce el jefe del partido político y no el votante... y el cinismo general practicado por los Estados de Partidos es todo lo contrario al reglamento de cualquier democracia; en consecuencia, las normas de juego precisamente es lo que hay que cambiar: unas normas de juego muy
sencillas y claras que basan su unidad en el colegio electoral, no en el partido político, cuya función no es obligatoria aunque si puede ser útil por motivos organizativos. Este criterio cambia totalmente el paisaje político: de estar encorsetados por el poder nos encontraríamos con el derecho de votar a un diputado de distrito uninominal, con carácter imperativo. Es decir, uno cada cien mil votantes, y este diputado ha de cumplir con aquello para lo que fue elegido. Si los votante lo hubieran elegido porque no hubiésemos querido entrar en el Euro, entonces estaría obligado por mandato de sus votantes a votar NO al Euro. De esta forma son los ciudadanos los que controlan al diputado, que en caso de salirse de la raya puede ser sustituido por esos mismos ciudadanos. La función de nuestros representantes sería la de proponer las leyes (no la de legislar) y estas leyes irían a una cámara legislativa. Esa cámara sería la que tendría que traducir la ley para que apareciese (con el Visto Bueno de los diputados) en el Boletín Oficial de la Nación. A partir de ahí, la ley tiene ya carácter coercitivo y la hemos de cumplir todos; no unos sí y otros no. Esa sería la forma de separar el poder legislativo del poder ejecutivo. Esa sería la forma de resolver los problemas de las preferentes, de la sanidad, de la educación, de todas aquellas cosas que tienen tan cabreados a los ciudadanos y por las que muchos están en paro y condenados a la indigencia. Además, acabaríamos con la casta de políticos profesionales porque se pondría presentar cualquiera, y no los enchufados de los que confeccionan las listas. Y evidentemente pondríamos a gente competente porque no la elegirían los partidos, nosotros seríamos lo electores.
El pueblo está preparado para algo así aunque haya quienes se empeñen en lo contrario: sabrá lo que es cuando lo sea, como decía Lincoln. También es cierto que es completamente ignorante y ajeno a este concepto de democracia; y puesto que los medios no lo van a difundir, tendremos que hacerlo nosotros.
Y ¿cómo lo conseguimos?
Solo mediante una enorme y masiva presión social donde dejásemos de lado cuestiones de ideologías, de partidos y de cualquier otra cosa que desviara nuestra atención de que lo que queremos son unas normas de juego nuevas; nada de renovadas, regeneradas ni tonterías.
Aunque los políticos no nos respetan para nada haciendo la petición reglamentaria, pero también pidiendo el apoyo de EEUU y Bruselas; ya que a ellos sí que les tienen miedo y los respetan.
¿Y las ideologías?
Las ideologías son para cuando tengamos las normas de juego verdaderamente democráticas; no olvidemos que estamos hablando de un reglamento bastante sencillo. Es como el reglamento del ajedrez. Ya está inventado y no podemos decir que esto es mas ajedrecista que aquello. Pues tampoco que esto es mas democrático que aquello. O es o no es ajedrez. O es o no es democracia.
Una vez tengamos la norma, ya iremos aplicando. Seguramente, como las ideas partirán del pueblo y el pueblo no es tonto se irán a parar a sistemas eclécticos donde avanzaremos aprendiendo y haciendo camino con lo mejor de cada casa. De ahí iremos resolviendo los problemas que tenemos actualmente (olvidad que  los políticos profesionales nos vayan a solucionar nada) y mejorando para no caer en errores pasados. La imaginación y la creatividad al poder... todo depende de tener la herramienta adecuada, nada más.
Vicente Jiménez

Bibliografía
A.G.TREVIJANO, Teoría Pura de la República, Ediciones MCRC

martes, 14 de mayo de 2013

Todos cortados por el mismo patrón


Con excepción de Suiza y los países anglosajones, ocurre que ningún político se ha planteado jamás cómo es posible que nuestros sistemas de gobierno europeos estén tan alejados de una democracia liberal como la de EEUU, y cortados casi todos por el mismo patrón.
Algo debió de pasar en Europa para que en todos sus países campen las diputaciones sin mandato imperativo, parlamentos sin separación de poderes, dictaduras centralistas o intervencionismos jacobinos.
Los padres de EEUU se dieron cuenta, en seguida, de nuestras debilidades como humanos. De ahí que establecieron que las formas de gobierno no pudiesen depender jamás del buenismo, que es lo que afirmó perversamente el estado socialista anterior. Ni los gobernados son ángeles celestiales, ni los gobernantes son virtuosos niños de teta. Aquel que tiene la sartén por el mango acaba dominando siempre la situación abusando de su poderi. Por eso, los padres de la patria en EEUU procuraron un sistema mecánico de ejercer y controlar el poder: mediante una ingeniería perfecta, pusieron en el poder un sistema eficaz de pesos y contrapesos, de palancas y de frenos; tiraron a la basura una constitución, lo cual dejaría más tarde pasmados a los revolucionarios franceses, y finalmente fueron añadiendo una serie de enmiendas a la que finalmente adoptaron. Eso sí, jugaron con dos ventajas que no tuvimos en Europa. Los ilustrados que forjaron la constitución de los Estados Unidos no fueron traidores a sus ideas y tampoco tuvieron que cuadrar el círculo intentando mantener una monarquía.
En Europa, en cambio, no somos hijos de la Revolución de Independencia Americana, somos bastardos de la Revolución Francesa... Y aquella revolución no tuvo las cosas claras de a dónde iban, y por y para qué iban haciendo las cosas, como sus primos los americanos. Inicialmente tampoco se planteó como una revolución. Lo que querían los representantes de Versalles era cambiar la monarquía absoluta por una monarquía relativa: se trataba de que el pueblo votase las leyes y el poder ejecutivo fuese para el rey. En este estado de tensión se dieron una serie de sucesos no planificados que después el mito idealizó como revolución. Pero mito y realidad nunca han confluido. Imaginad la escena: la economía en Francia inmersa en una crisis general provoca la convocatoria de los Estados Generales, y el timorato rey de Francia pide ayuda a los ejércitos extranjeros de Alemania y Suiza para controlar al pueblo. Necker, el genial banquero Suizo ministro de finanzas; honrado y extremadamente inteligente es expulsado cuando precisamente había podido solucionar el tema de las finanzas públicas (presupuestos del Estado); y fue el rey quien lo echó. Su expulsión significó el pistoletazo de salida para todo lo que iba a venir después. El pobre ex ministro Necker jamás comprendió, en toda su vida, el motivo de su expulsión; y así lo expresa en sus memorias. Pero no advirtió jamás, a pesar de ser tan inteligente, que precisamente había sido expulsado por dar con la solución . Lo que el rey quería, y no digamos la reina (extrema derecha) y los arzobispos y obispos era machacar al pueblo.
Cuando la gente de París supo lo de la expulsión de Necker, la noticia corrió como la pólvora y ésta llegó no a París, sino hasta el último rincón de Francia en el tiempo récord de tres días; y como consecuencia, los parisinos daban como inminente una invasión por parte de los ejércitos extranjeros alemán y suizo, aliados del rey de Francia, y que ya estaban preparados en las fronteras. Unos tres mil parisinos, aterrados porque ya se veían pasados a cuchillo, fueron al Hospital de los Inválidos a apropiarse de armas con qué defenderse. La guardia de los Inválidos les entregó las armas sin resistencia, pero resultó que allí no había pólvora. Alguien se acordó de que entre los Inválidos y el Ayuntamiento estaba la Bastilla, y un grupo de unos trescientos se dirigió allí a por la pólvora. En esto, llega también a la Bastilla un regimiento con intención de ayudar al grupo de la pólvora. En una estúpida confusión el regimiento es tomado por el enemigo y se lía una escaramuza entre ambos bandos. Tras la escaramuza es cuando se produce el asalto a la Bastilla. Toman lo que necesitan, liberan a tres cautivos que estaban allí de tránsito, los únicos, y se llevan prisionero al gobernador de la prisión, junto con la pólvora, para regresar al Ayuntamiento y reunirse con los que tenían las armas. Por el camino, la comitiva es asaltada por un grupo de criminales harapientos y de la peor calaña de París. Pese a los esfuerzos de la comitiva, le cortan la cabeza al pobre prisionero y se la llevan insertada en una pica paseándola por París. Hicieron lo mismo con el intendente del ayuntamiento. Estos horribles crímenes serían luego sacralizados en vez de castigados. Ya partimos con la primera corrupción de la Revolución Francesa de las muchas que se darían cuando la Diputación, el Rey, y el Obispo de París ofrecen un Te Deum en acción de gracias por la toma de la Bastilla y los sucesos que habían acaecido, crímenes incluidos: así se institucionalizó y legalizó, por primera vez, el crimen de estado.  La clave del tránsito entre la toma de la Bastilla y el Te Deum, en paz y compaña, recae sobre los hombros de un personaje ii
Mirabeau
sin escrúpulos y corrupto, que narcotizó a los Parisinos con sus discursos. Ahí tuvimos a un pueblo adormilado con la retórica incomparable de un genio del mal, de un verdadero bellaco: Los diputados ...

“juzgan sanamente los objetos y no son engañados por las apariencias. Donde los representantes de la nación no han visto más que un error de la autoridad (el golpe feudal de 23 de junio), el pueblo ha creído ver una decisión formal de atacar sus derechos y sus posesiones. ¿Han visto en las miradas mismas del rey, han sentido en el acento de su discurso cómo este acto de rigor y de violencia hacía sufrir a su corazón? ¿Han juzgado por sus propios ojos que él es él cuando quiere el bien, él mismo cuando invita a los representantes de su pueblo a fijar una manera de ser equitativamente gobernados, y que cede a impresiones ajenas cuando restringe la generosidad de su corazón, cuando retiene los movimientos de su justicia natural? Es un deber sagrado para los diputados invitar a sus electores a descansar enteramente sobre ellos el cuidado de sostener sus intereses haciéndoles ver que, lejos de haber alguna razón de desesperar, jamás su confianza ha estado mejor fundada. La tranquilidad de la Asamblea devendrá poco a poco la tranquilidad de Francia”.
Es decir, confiad en vuestros diputados, que les asiste el Espíritu Santo y no se pueden equivocar nunca, no arméis jaleo y conformaos con lo que hay. Al fin y al cabo, cuando el rey os tiene que matar, el pobrecillo sufre mucho por vosotros; pero comprended que os tiene que matar por vuestro bien.
Si las democracias Europeas tomaron como modelo a la Revolución Francesa, como así fue, no es de extrañar que los discursos de Mirabeu asomen la cara, de vez en cuando, por las partidocracias europeas; y no tengamos nada que ver con la pureza del desarrollo republicano de EEUU
Es que si os fijáis nos están diciendo las mismas cosas, están utilizando el mismo tipo de retórica: si hay recortes a mi me duele mucho; ¿no veis cómo sufro? Pero os recorto, yo no tengo la culpa... sea nuestro presidente, sea Merkel o el Fondo Europeo. Mientras, por ejemplo, a los pobres Chipriotas les congelan las cuentas en un corralito, pero los mandatarios lloran y lloran. Sois inmaduros como niños y me duele más que a vosotros, pero os tengo que castigar. Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades.
También es evidente, que en nuestro caso, hubiera sido lo lógico ante una catástrofe nacional sin precedentes como la que dejó de herencia política, económica y moral el gobierno socialista anterior, que se hubiera recortado lo que es verdaderamente superfluo: las autonomías, sus diecisiete presidentes, secretarios, subsecretarios, coches oficiales, enchufados palaciegos, etc; que representan el gasto nacional multiplicado por diecisiete y un derroche insoportable para los contribuyentes. Hemos de sufragar la inmensamente despilfarradora casta parasitaria con restricciones cero, para ellos, y sueldos de ensueño. Es más: han aumentado el gasto y el número de enchufados. Y así, mientras, os tienen que matar de hambre y ellos lloran... y los sindicatos también lloran, porque forman parte del mismo sistema de llorones; y la patronal es el convidado de piuedra Eso sí, nada mejor que quitarse las penas en una mariscada mientras ven pasar una interminable procesión a Cáritas y los comedores sociales. Pero pase lo que pase, estad tranquilos; que vuestros diputados velan por vosotros y sufren cuando les obligáis a tomar decisiones.

No, no son las personas las responsables. Como ya comenté al principio no tienen por qué ser ángeles. Nunca ha habido un humanismo monárquico; y ni los gobernados son niños inocentes de teta ni los gobernantes seres puros angelicales. Estas tesis de democracias basadas en oligarquías de partidos no se sostienen como democracias; y lo que falla no solo en España, sino en Europa es estar basado en oligarquías de poder sin control: el ejecutivo y el legislativo no pueden andar de la mano si hablamos de democracia. Falta una conciencia ciudadana que de una vez por todas, se dé cuenta que el problema no es la sanidad, ni la educación, ni la reforma laboral. Todo ello es consecuencia de un sistema oligárquico de poder... digamos que son nada más que síntomas de la enfermedad: pero aunque acabemos con unos síntomas, la enfermedad seguirá minando nuestra salud; y aparecerán otros síntomas... Aunque las manifestaciones y protestas populares logren una sanidad estupenda y una ley laboral envidiable gracias a una inmensa presión social, el mal; el verdadero mal, seguirá carcomiendo las entrañas de la nación. El día en que toda esa fuerza ciudadana se dirija a pedir el cambio de la ley electoral y un periodo constituyente que imponga las normas del juego verdaderamente republicano-democraticas, y acabe con la oligarquía de partidos poniendo pesos y contrapesos al poder; ese día empezaremos algo bueno que dejar de herencia a nuestros hijos y nietos, en vez de miseria, indigencia y corrupción.
Vicente Jiménez


i En estas tierras ricas en cultura gastronómica, el buen yantar son parte tan sustancial que se recogen en los refranes populares: también puede usarse la expresión “Es el que corta el bacalao”
ii A.G.TREVIJANO, Teoría Pura de la República, Ediciones MCRC, Libro Primero, pág 60
GODECHOT, JACQUES; Las revoluciones. 1770-1799; LABOR; 1981


domingo, 5 de mayo de 2013

El día que las mujeres se cabrearon de verdad.


Seguimos con más de lo mismo. Trápalas, ideólogos, doctrinarios y otras hierbas. Hoy he escuchado atentamente en uno de tantos programas debate desinformativos de esos que tan de moda se han puesto (ahora todos quieren inculcarnos cultura política) a un populista afirmando un montón de verdades como templos en TV. Era el prócer la sensatez y el sentido común personificado, y cualquiera podría caer prendado ante el dulce canto de unas verdades tan evidentes; como Doña Inés hizo a los pies de su donjuanesco seductor cuando le regaló el oído con las prendas que ella quería escuchar.
No es difícil acceder a lo que los ciudadanos quieren escuchar y seducirlos: sólo es necesario aplicar un poco de sensatez, psicología barata y sentido común; y si se quiere, utilizar material de campo de primera mano. Menos complicado para un populista sería recoger esa información bebiendo en las mismas fuentes grabadora en mano: Los mercados, las panaderías, las pescaderías y las tiendas serían, sin lugar a dudas, los mejores sitios para recabar información sobre lo que el pueblo quiere. De ahí viene el típico paseíto del político de turno, por el consabido mercado, hablando con las parientas y las pescaderas fingiendo interesarse por la la cesta de la compra en épocas de elecciones: una clara demostración de cara a la galería consistente en mezclarse con el pueblo en el lugar adecuado, hacerse la foto y recoger sus votos. Claro, que ahora deberían darse prisa en cazar una foto en el mercado porque las paradas están cada vez más vacías y dentro de poco no va a quedar nadie con quien retratarse; algo, que si los de la oposición son mínimamente inteligentes también pueden aprovechar para practicar un poco de demagogia en su campaña electoral. Sólo han de hacer una foto con el móvil, y comentar la imagen de por qué la parada del pescado está tan vacía sin nadie comprando, por ejemplo. Quizá ahora lo que deberían hacer todos es presentarse en las colas de Cáritas y del paro a recoger opiniones, que es donde está la gente. Aunque claro, vista la situación puede incluso ser un deporte de riesgo aparecer por esos lugares para la especie política. Será por eso que jamás hemos visto a ninguno de ellos en una cola del INEM.
En fin, en la plaza de abastecimiento es donde suelen ( o solían) estar las mujeres, realizando el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, para aprovisionar la mesa de los suyos; allí es donde ellas hablan no de lo divino y lo humano, sino de lo concreto y lo real. De la supervivencia del día a día, que es lo importante; y lo que ningún político ni se imagina. Las plazas son lugares de ideas revolucionarias, y para muestra un botón: no olvidemos que las mujeres de París partieron muy cabreadas de un mercado en gran multitud y son las que inventaron esas marchas en columna que tan de moda están ahora y se llaman “manifas”. Hasta entonces, los hombres, cuando querían hacer la revolución se dedicaban a enrocarse en las barricadas, pero las mujeres pasaron de esas barricadas y no permitieron que sus hombres fuesen con ellas, para rabieta y oprobio de ellos, que se quedaron con los niños en brazo sin saber qué hacer. Es que estoy viendo las caras que se les debió quedar, a ellos. Son, en fin, esas mujeres de París cabreadas (por eso, los hombres no se atrevieron ni a rechistar) las que hartas de que sus hombres no hicieran nada y solo se dedicaran a hablar, y de que el Rey Luis XVI tampoco hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni la Convención hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni nadie les arreglase los problemas de falta de abastecimiento de pan y alimentos, las que partiendo del gran mercado de París, y sin líderes ni nada y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, tuvieron los redaños de ir en una multitudinaria columna, por primera vez en la historia, al mismísimo Palacio de Versalles; entrar hasta la cámara de la reina María Antonieta, coger a S.M por las orejas y obligar a toda la familia real a ir a vivir a las Tullerías, en plena etapa de gestación de la Revolución Francesa. Aquellas mujeres actuaron con una inocencia conmovedora porque el gran hambre que azotaba despiadadamente París, y a falta de pan, creyeron que si al panadero del Rey Luís XVI se lo llevaban junto a la familia Real a las Tullerías, habría pan para sus humildes mesas también; que es lo que a ellas les preocupaba. Ese sí fue un escrache, como dice ahora la socialdemocracia en connivencia con los medios:  no es que acosaran al Rey, no; es que se lo llevaron sí o sí junto a su familia desde Versalles a París. Y allí cerquita y controlados les obligaron a permanecer  para gozo de algunos y susto de muchos en la Convención. Claro, que sin quererlo, las mujeres consiguieron también que la Corte en pleno, con gran canguelo, huyeran como conejos a esconderse y dejara al pobre rey más solo que la una. Cuanto más lejos de donde estaba la revolución y esas mujeres tan revoltosas, mejor.
Volvamos a lo nuestro, estábamos recogiendo datos en la plaza de abastos o mercado o como lo llaméis, según la parte de España en la que viváis y después nos pasamos por los bares: otro buen lugar donde el demagogo podría recoger material de campo sobre qué le gustaría escuchar al pueblo. Ahí encontrará a los hombres, bueno... digamos que los bares están ahora tan vacíos como las tiendas en este país fantasma.
Es evidente que el demagogo no tendría problemas para difundir al pueblo, a gran escala, todo esa información; y además ésta sería verídica. Los serviles medios de comunicación los tendrán día sí, día también en sus pantallas y ondas en horas de mayor audiencia. Y otra cosa no serán, pero a prestidigitadores en el arte de la seducción de masas y hacernos llegar al oído lo que queremos escuchar, no les gana nadie... ¡Qué bien habla fulanito! ¡Hay que ver lo que nos dice menganito, ese sí que habla alto y claro! Pero habréis de reconocer que esos comentarios iniciales acaban siempre, pasadas las elecciones, con un: "son todos iguales... nunca dicen la verdad", etc, por parte nuestra. En fin, que ya nos la han colado otra vez. Y así llevamos 34 años; como quien dice nada.
¡Hombre! Me diréis. Tú lo que vas es de listo. ¿En qué te basas para decir que alguien es un demagogo? ¿Cómo lo has reconocido? Si fulanito dice verdades como soles.
En primer lugar, el tal fulanito no se sale jamás del guión principal que hemos escuchado durante estos últimos 34 años. El guión es que vivimos en una democracia y lo que hay que hacer es cambiar cosas en ella. ¿Os fijáis? … cambiar cosas dentro de la democracia en la que vivimos. Pero ¿qué es democracia para esa gente? Aceptan que estamos viviendo en una democracia y jamas se les ocurrirá mencionar nada acerca de lo que estamos es viviendo en una oligarquía de partidos. Esa es la única cuestión: la empezaron  y la siguen llamando democracia. He ahí el gran engaño.
Y así, aceptando esta oligarquía y llamándola democracia el populista nos intentará convencer de que el partido contrario lo hace mal y hay que hacer las cosas de otra manera: No gastar tanto en esto o en lo otro, gastar más en sanidad, educación y afirmarán lo inimaginable; como lo que he llegado a escuchar hoy: a uno diciendo que los políticos no tiene por qué cobrar nada, y que tampoco necesitan gastar en asesores al disponer de toda una estructura de expertos funcionarios en el poder ejecutivo que les hace el trabajo burocrático. ¿Os fijáis en el canto de sirena? Que los políticos no cobren. En cambio, yo me conformaría en primer lugar y lo más importante con que nuestros representantes fuesen representantes nuestros, que ni eso (representan a su partido y sirven a su caudillo). Me conformaría con que propusieran las leyes pero no legislaran. El poder coercitivo de las leyes debería residir en una Cámara Legislativa, nunca debería partir, como ahora, del Congreso de Diputados, cuya función debería limitarse a proponer leyes; y que después de idas y vueltas de esa ley entre una cámara y la otra al final la Legislativa la aprobara y la ley saliese reflejada en un Boletín Oficial de la Nación. Me conformaría con que nos dijesen que el Estado no puede legislar, como ocurre ahora; por eso no puede haber nunca un Boletín Oficial del Estado. ¿Cómo va el Estado a legislar? Eso es un disparate. Eso es lo que hacía Franco. Eso es poner al zorro a vigilar a las gallinas. En fin: reconozco al populista no por lo que dice, sino por lo que no dice. Es así de simple: los reconoceremos por lo que no nos dicen.
Vicente Jiménez

La parte histórica ha sido obtenida de programas de radio de RLC http://www.diariorc.com/


lunes, 29 de abril de 2013

Ideas sin hombres y hombres sin ideas. ¿Para qué sirve un 15M?


Este descontento fue transmitiéndose a las capas populares y, como primera protesta pública, aparecieron pasquines en las iglesias donde podía leerse:
«Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor» Guerra de los Comuneros de Castilla
Pierre Vilar, en su Breve Historia de España presenta dos ideas muy interesantes cuya aplicación práctica nos solucionaría muchos de los problemas actuales: son ideas atrevidas; hay que reconocerlo, pero sólo un pueblo valiente puede alcanzar un destino digno.
En primer lugar, Vilar menciona las dificultades por las que tuvieron que pasar nuestros antepasados a principios del IXX durante la Guerra Napoleónica, o de Independencia, al darse la desdichada circunstancias de que en Cádiz se hallara en esos momentos concentrada la flor y nata de la intelectualidad española, verdadera defensora de las ideas progresistas de la revolución del Nuevo Régimen que tanto había impresionado a Europa. En España, no llegaría nunca a asentarse del todo; aunque casi se alcanzó al coronarse la Constitución de Cádiz de 1812, tan abyectamente abolida por el Rey Felón Fernando VII. Por otro lado, la España atrasada, la España profunda luchaba a cuchillo para expulsar a un ejercito invasor paradójicamente capaz de traernos esas ideas nuevas. Esta circunstancia la expresó Vilar mediante una frase lapidaria y totalmente acertada que sintetiza aquella época: “por un lado, ideas sin hombres; y por otro lado, hombres sin ideas”. Desde Cádiz se luchaba contra Napoleón para imponer las ideas de la revolución que el mismo ejército invasor traía en la mochila, y por el otro lado se luchaba contra esas ideas progresistas para seguir en el mismo estado del orden medieval en que nos encontrábamos en España. Fue el bajo clero quien más impulso esa lucha desde las iglesias y promovió el odio hacia el nuevo régimen. Ese odio caló desde los púlpitos en una población absolutamente atrasada e ignorante. Por eso, "la Virgen del Pilar no quería ser Francesa": epitomaba el rechazo total al Nuevo Orden. Ese rechazo fue el predecesor de las desdichas que nos azotarían en las futuras Guerras Carlistas hasta llegar al presente.


Esta dualidad entre los que saben y no pueden y los que pueden y no saben está volviendo a ocurrir. Sirvan como ejemplo el movimiento 15M compuesto por personas cuya intención puedo presuponer honesta y de buena fe y donde otras deben formar el inevitable núcleo con una fuerte ideología de izquierda. Otros, menos honestos deben estar a las órdenes de la voz de su amo; sean quien sean esos amos que les pagan por hacer lo que hacen, intentando ser buenas correas de trasmisión... y así funciona ese grupo heterogéneo sin saber cómo y a dónde va. De lo que sí carecen todos ellos, sean el 15M u otros es de un líder que sepa lo que hace y tenga visión de Estado a largo plazo: es decir, carecen de un verdadero estadista que reconduzca toda esa energía potencial desperdiciada en energía cinética y productiva. Por eso, esa masificación inicial del 15M donde se unieron tantas personas de origen tan heterogéneo y que pudo cristalizar no ha quedado en nada. Tienen cierto poder de convocatoria y se mantienen en los medios, pero no tienen ninguna capacidad de influir en la política de España. Es más, inconscientemente cumplen el papel de que no surja un grupo verdaderamente organizado y pacífico con el objetivo de cambiar la Ley Electoral, o recomendar la abstención, que es algo que sí aterraría a las oligarquías políticas. Lo que hacen todos esos grupos, escraches (asco de palabra) incluidos, no sirve para nada de lo que pretenden; o más bien sirven para aumentar nuestros impuestos cuando nos vemos obligados a pagar los destrozos de los inevitables corpúsculos  violentos, o hemos de asumir el coste de un despliegue forzoso de las fuerzas de seguridad.
Por otra parte, tenemos verdaderos estadistas inteligentes que expresan sus opiniones ofreciendo soluciones sin que éstas sean divulgadas por los medios verdaderamente influyentes. Es decir, atesoramos hombres con ideas prácticas y geniales: pero estas ideas no llegan a los hombres sin ideas. Puede que estos últimos no las entiendan porque al ser expresadas por intelectuales no sepan utilizar un registro suficientemente claro y fácilmente entendible. Lo cierto es que ambos grupos no confluyen: son como el Nitrógeno y la Glicerina. Por separado totalmente inofensivos, pero de unirse ambos elementos se produciría la gran explosión. Y así estamos donde empezábamos con Pierre Vilar: las ideas sin hombres no llegan a conectar con los hombres sin ideas y volvemos a cometer los mismos errores de nuestros antepasados... la historia se repite.
Ahora deberemos desplazarnos más lejos en el tiempo y situarnos en el XVI durante las Guerras de los Comuneros: Padilla, Bravo y Maldonado tuvieron en jaque mate al emperador Carlos I de España y V de Alemania (aceptemos la ironía), pero cometieron un error fatal: Aún habiendo vencido en algunas ocasiones al emperador, no se imaginaron un mundo sin monarquía. Se puede decir que teniendo la victoria en la mano varias veces al final siempre se la entregaron al emperador; y esta falta de perspectiva debida al periodo histórico en el que estaban encorsetados lo pagaron con sus vidas y sus cabezas acabaron insertadas en picas.
Si admitimos la posibilidad o evidencia de que el problema son las autonomías y los partidos políticos, hemos de concluir que hoy nos ocurre un fenómeno parecido al de los Comuneros de Castilla, ya que no somos capaces de admitir un mundo sin partidos políticos, cuando en realidad no son esenciales en una democracia.
En mi último artículo narro una maravillosa historia ubicada en un futuro imaginario donde un diputado pisa el Congreso por primera vez después de haber alcanzado el primer Estado Democrático en la historia de nuestra querida España. Además, se describen los pasos que se siguieron para conseguirlo (lo que los cursis llamarían hoja de ruta); grosso modo, claro. Se detalla qué hicimos y cómo lo hicimos: solo falta el cuándo para que nos diesen el sello de calidad. Así, el grupo que se reunió en la narración para confeccionar un programa electoral y defender los tomates de su tierra podría constituirse en partido político autofinanciándose; y sólo por motivos organizativos, pero no por motivos de ser órganos esenciales del sistema democrático. El método o reglas del juego estaba claro: división absoluta de los poderes legislativo y ejecutivo y representación real de los electores mediante el diputado de distrito: uno cada cien mil habitantes; y lo principal para empezar: La unidad política, no es el individuo, ni la familia, ni el ayuntamiento ni el partido político: nada de eso; como muy bien indica el filósofo y estadista A.García Trevijano. Éste es uno de sus grandes descubrimientos: la unidad políticas es el colegio electoral. Y desde el momento en que tenemos definida y bien localizada las unidad, ya podemos empezar a desarrollar el campo de la política desde una perspectiva científica.
Si tenemos en cuenta lo que puede llegar a ser y no es, de nuevo estamos repitiendo errores históricos: de igual forma que los Comuneros no percibieron ni en el último rincón de su imaginación la posibilidad de un mundo sin monarca, nosotros persistimos en no concebir la posibilidad de un mundo sin partidos políticos. Peor aún, muchos españoles creen estar viviendo en una democracia.




Vicente Jiménez


domingo, 21 de abril de 2013

El día que logramos la Democracia


El cosquilleo de Mario tenía una buena justificación. Iba a ser testigo y actor de un hecho histórico sin precedentes en España. Aquella cámara había forjado la historia de España en los dos últimos siglos desde 1810, estando de regente María Cristina, hasta que Isabel II tuviese la mayoría de edad.
Lo que nunca había acontecido durante todo ese periodo histórico era que tanto él como los demás diputados habían sido elegidos directamente por sus conciudadanos. El elemento primordial del gran cambio, que no regeneración, se basaba en la sustitución de los antes indispensables partidos políticos (junto a toda la costosa parafernalia) por el sencillo y humilde colegio electoral de su circunscripción. Un diputado cada cien mil habitantes.
Atrás habían quedado las masivas manifestaciones, en las Mario también participó. El miedo y la miseria hizo que se produjese el milagro. La gente hablaba de su situación insostenible en cualquier cola: la del autobús, la panadería... y una idea salvadora corrió como la pólvora. Se dieron cuenta de que eso de votar a partidos que se alternaban en el poder no les representaba para nada. Así que los vecinos, las reuniones de las engañadas bases de los sindicatos, controlados por políticos y sindicalistas apoltronados, los indignados que coincidían en las protestas y asambleas, los "afortunados" mileuristas con la fortuna de trabajar por sueldos miseros, los pensionistas: todos pasaron esa idea unos a otros.
Decidieron, todos a una, pedir el cambio de la ley electoral y un periodo constituyente. Y lo que querían estaba muy muy claro: tener a alguien en el congreso que estuviera por ellos, por la gente; y no por y para los partidos políticos. Si tú no puedes estar en persona, que el que esté, esté por ti; y Mario estaba presente por los cien mil ciudadanos. Era el representante de todos: los que le habían votado y los que no.
Mario había tenido su parcela de propaganda gratuita en los medios, como todos los otros que quisieron presentarse: cada uno con su programa electoral: la diferencia es que antes los programas electorales se presentaban para no cumplirlos; y ahora si Mario no lo cumplía, sus mismos votantes podrían sustituirlo en cualquier momento: para sustituirlo había quedado otro aspirante, de reserva, en el colegio electoral. Nada de unas elecciones costosas. Cero euros tuvieron que pagar los contribuyentes por las elecciones. En eso hasta habíamos conseguido superar a EE.UU donde las elecciones dependen de costosas financiaciones como las de las corporaciones y los poderosos lobbies.  En España, ahora las antes costosas campañas electorales, y cuyo financiación engendró tanta corrupción dieron paso a los espacios gratuitos de unos medios de comunicación que iban a vivir los siguiente cuatro años de lo que hicieran aquellos políticos no profesionales. Así que vaya lo uno por lo otro: bien podían dar ese apoyo a la democracia.
Para lograr esas nuevas normas de juego se recogieron millones de firmas, que se presentaron al gobierno. Tuvieron que dar su brazo a torcer por la enorme presión social insostenible ejercida: pero las que más influyeron en ese cambio fueron las peticiones a EE.UU y Bruselas. Los millones de firmas. Las manifestaciones pacíficas y el pueblo arrebató el poder a la partidocracia.
A Mario lo eligieron en la segunda vuelta porque era un experto en naranjas. Soñaba naranjas, vivía naranjas y lo sabía todo sobre ellas. Conocía el campo y sus problemas. No tenía estudios superiores pero no lo eligieron para construir puentes ni maquinaria. A Mario lo eligieron para que defendiese las naranjas de su tierra, y sobre eso no le podía dar nadie ninguna lección. Confeccionó un programa sensato, austero y eficaz que de llevarse a cabo y poder ejecutarse solucionaría muchos de los problemas de los agricultores de su demarcación. Seguro que otros agricultores en España tendrían problemas semejantes. Y si ellos funcionaban funcionarían también las industrias relacionadas, los comercios y los bancos empezarían a trabajar para lo que fueron creados.
Detrás quedaba el incansable trabajo de un grupo que le ayudó. Se hicieron visitas de puerta a puerta, se informó en locales y se realizaron mítines. Antes, a esos grupos los llamaban partidos políticos; pero bien mirado, tampoco hacían tanta falta porque su programa venció al los viejos partidos oficiales, que también se habían presentado. Mario iba a lo que iba, pensando y conociendo muy bien los problemas de la gente del campo como él; y los votantes captaron esa honestidad y sentido común. ¡Lógico! No estaban acostumbrados.
Recordó cómo un grupo de personas decidieron reunirse de ocho a diez en un local dos veces por semana y pensar un plan de soluciones para los problemas reales que tenían, y cómo desarrollarlo. Allí había también gente que sabía de otras cosas, eran de otras profesiones; y se pudo confeccionar una lista muy concreta de propuestas. En aquellas reuniones, la gente sabía de lo que hablaba: los de las tiendas, el representante de Centro Comercial, otros de una asociación de vecinos, agricultores, una médico, unas profesoras y hasta dos directores de banca y escuela.
Todo pasó muy rápido a partir de las elecciones. Los nervios a flor de piel. Segunda vuelta entre los dos finalistas y ganó Mario. Cuando entró en el Congreso por primera vez como diputado era consciente de que lo que se iba a debatir en aquella cámara inauguraría una era histórica: ser la primera vez que se aplicarían las normas de juego de la democracia en España. Y de toda esa pluralidad de intereses, desacuerdos y acuerdos con los otros 399 diputados, cada cual con su programa en al mochila, saldrían las proposiciones de ley. También habían acabado las poltronas y prebendas de la partidocracia. Después de dos periodos legislativos nadie podría repetir, y tendrían que volver a ser ciudadanos de a pie.
Antes se legislaba en aquella sala, pero ese disparate no iba a ocurrir nunca más. Juntar poderes "nunca mais". En el Congreso de los Diputados se propondrían las leyes de España. Después, esas propuestas pasarían a la cámara legislativa y ésta les imprimiría su carácter de leyes. Y éstas leyes que habían sido gestadas en el Congreso sin carácter coercitivo adquirirían ese carácter de obligado cumplimiento en otro lugar: la cámara legislativa. A partir de ahí las leyes saldrían publicadas en el BOLETÍN OFICIAL DE LA NACIÓN. No el el Boletín Oficial del Estado. El Estado era el poder ejecutivo y se tenía que llevar muy mal con el legislativo. Y cuanto peor se llevaran y más se vigilaran el uno al otro mejor para los ciudadanos. Nunca más el legislativo y ejecutivo andarían juntos de la mano como en la etapa partidocrática anterior.
¿Y dónde quedaban los jueces? Pues se eligió a uno para que dirigiera la vigilancia de todos los demás jueces. Y lo eligieron entre todos los profesionales de justicia: jueces, procuradores, fiscales, abogados... todo bien atado y vigilado. Ese era el poder Judicial: Totalmente independiente y sin ni siquiera conocer a los diputados, de mal que se llevaban: ¡bueno! eso es broma. Los conocerían por los periódicos y las noticias, pero nada más, ellos a aplicar la ley.
Los cuatrocientos diputados propondrían las leyes, la cámara legislativa ejercería el poder coercitivo. La elección del Presidente de la Nación sería el ejecutivo, para poner un contrapeso a la Cámara de los Diputados, y los jueces a lo suyo; juzgando malhechores, corruptos y banqueros tramposos, que es lo suyo. Y recuperando nuestro dinero, si pueden.
Todos los poderes sospechando de todos y limitando el poder de los otros dos. Montesquieu había resucitado, señores. Pero no lo hizo solo: la movilización y presión social lo había conseguido.
Esta idea no es mía, la he traducido en esta narración tomada de un gran Estadista cuyo nombre mantendré, de momento, en secreto. De esa forma la atención del lector se centrará en la idea y no en el autor. Que los prejuicios no enturbien la verdad porque este estadista nos marca el camino. Ataca a la enfermedad y no a los síntomas. Así la idea no estará contaminada con el dopaje de derechas ni de izquierdas, porque de lo que se habla aquí es de unas reglas de juego. Eso es la democracia: unas reglas de juego; y cuanto más sencillas mejor. Así doy el agua destilada sin nada disuelto para que nos centremos en el agua. Y ese reglamento se llama una nueva constitución. Nueva, no regenerada. Se regenera lo bueno y la actual no cumple con el reglamento de la democracia.
Pensemos en la democracia como en el reglamento del fútbol. Las jugadas en el campo de fútbol equivaldrían a la política. Aquí se ha hablado solo del reglamento: las jugadas las harán nuestros representantes, nuestro presidente y nuestros jueces. ¿Corrupción? Claro que pueden haber jugadores tramposos que intenten colarla: pero si el árbitro se da cuenta ¿a que le sacaría tarjeta? Nada que ver con lo que tenemos. Ahora estamos jugando con un reglamento distinto al de la democracia: nos han dicho que lo es, pero el reglamento democrático es otro. Incluso hay políticos que se ha dado cuenta de que esto no lo pueden mantener y nos quieren colar otros cuarenta años de más de lo mismo con el nombre de federalismo. Un horror señores.


Vicente Jiménez

lunes, 15 de abril de 2013

¿REPÚBLICA o DEMOCRACIA?



I pledge allegiance to the flag of the United States of America,
and to the
Republic for which it stands, one Nation under God, indivisible, with liberty and justice for all."
"Juro lealtad a mi bandera y la República que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos". Juramento de Lealtad a la Bandera de EE.UU.
El juramento a la bandera de los EE.UU no se refiere en ningún momento a la democracia, y sí menciona explícitamente la palabra república: la diferencia entre democracia y república que establecieron los grandes estadistas padres fundadores de esa nación no es baladí. En este artículo vamos a realizar el ejercicio intelectual de trabajar con criterios y no con opiniones, para así centrar nuestra atención sobre esta diferencia fundamental.
En primer lugar tenemos que establecer la diferencia entre una opinión y un criterio:
Una opinión se puede discutir y todos tenemos opiniones sobre esto o aquello y  además el derecho natural a poder manifestar libremente nuestra opiniones. No solo eso, resulta un ejercicio sano el respetar las opiniones de los demás, aunque no las compartamos. Sin embargo,  no todos tenemos criterio sobre cualquier tema: el criterio es una verdad universal hasta que se demuestre lo contrario; como en todo, claro.

Según el DRAE … Opinión: “Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable”. Criterio: “Norma para conocer la verdad”.

Para aclarar la diferencia veamos el siguiente ejemplo. Cualquiera puede tener una opinión respecto a un edificio: le puede parecer bonito, lujoso, agradable, horrible o un engendro. En cambio, solamente un arquitecto profesional tendrá la capacidad intelectual y los conocimientos generales necesario para analizar ese edificio bajo una serie de criterios: y este criterio estará justificado por una verdad técnica o de cualquier otro tipo. Pueden ser criterios basados en las leyes físicas de la resistencia de materiales, distribución de la carga o cualquier otro concepto físico, legal o estético.
Después de este paréntesis, tenemos la bases para realizar el ejercicio intelectual que voy a proponeros. Básicamente, no hay diferencias entre una democracia y una república excepto en un aspecto muy sutil e interesante:

En una república la soberanía está en cada individuo, mientras que en una democracia la soberanía está en el grupo.

Cuando la soberanía está en el grupo implica que hay consenso. Consenso significa, en el fondo, que sacrificamos el pensamiento individual y tenemos forzosamente que aceptar el pensamiento único; pero el pensamiento único, en el fondo, es el de las dictaduras. Un ejemplo patente lo sufrimos en la dictadura de “lo políticamente correcto”. En España, en estos momentos, sabemos que hay ciertas cosas que caen por su propio peso, cosas evidentes, leyes naturales y de criterio económico, social y de sentido común cuya expresión pública está perseguida por la ley bajo la etiqueta de “racismo”. Piensen en la denuncia que le ha caído al alcalde de Badalona por parte de un fiscal por unos panfletos en la última campaña electoral refiriéndose al problema de convivencia que cierta etnia está causando en la zona. Bajo el criterio de las fichas policiales debe resultar que lo que expresaba el panfleto es evidentemente verdadero, pero el alcalde ha sido imputado de todas formas y seguramente de acuerdo a ley. Ello se debe a que quienes legislaron pusieron demasiado celo en la protección de la inmigración siguiendo posiblemente la dictadura de lo políticamente correcto. Una de las rémoras que arrastramos en la socialdemocracia en la que vivimos en toda Europa es perseguir la evidencia. Doblar la verdad mediante ingeniería social.
Esto es lo que se quiere evitar en la Constitución de los EE.UU. Y el ejemplo lo resume perfectamente el juramento a la bandera: Al mencionar la palabra república en el sentido en el que lo hace, el pensamiento único y el respeto al pensamiento individual queda asegurado. Es decir, la libertad del individuo de pensar y poder expresar lo que quiera, aunque se salga del grupo mayoritario es lo primero que le garantizan. Y el concepto más importante: que la ley no puede nunca perseguirle por ello.
En una República, los poderes de la soberanía recaen en el pueblo y se ejerce por el pueblo, ya sea directamente o por conducto de un represente, cuyos poderes están delegados. Representar significa que "están presente por ti" sólo donde tú no puedes estar físicamente. Si puedes estar, no hay representante que valga. Vendría a ser como cuando le firmas poderes a alguien ante notario. En una república, el grupo sólo puede asesorar y el individuo soberano es libre de rechazar el pensamiento de la mayoría del grupo.
En una Democracia, el poder soberano reside y se ejerce por todo el cuerpo de ciudadanos libres directa o indirectamente a través de un sistema de representación. Pero aquí el 49% tiene que someterse al 51%. Por lo tanto, el 49% no tiene derechos porque los ha perdido al perder la votación. Ese 49% han sido relegados a pertenecer al grupo de ciudadanos “sin derechos”. Así que una democracia vendría a ser una dictadura de la mayoría. A Sócrates, por ejemplo, lo ejecutó una democracia porque la sentencia la decidió una mayoría. Lo malo, es que Sócrates no había hecho nada malo ni perjudicado a nadie para merecer el castigo de una ejecución.

George Fox cuaquero
 Los cuáqueros que inspiraron la Constitución de los Estados Unidos pensaron que no querían que una mayoría coartara las posibilidades de la minoría recordando la historia de Jesús de Nazaret, que fue condenado injustamente también por una mayoría, a la que despreciaron con el nombre de "mobocracy", es decir, "chusmocracia" (mob = chusma peligrosa,agresiva y descontrolada). O dictadura de la chusma.
Por lo tanto, en la República de EE.UU se preocuparon de los derechos de las minorías individuales bajo la máxima de "libertad y justicia para todos". Eso quiere decir justicia igual para todos ¿os suena? Y donde las personas tienen derechos naturales en lugar de los derechos civiles. Esa protección de las decisiones de la mayoría se halla garantizada mediante una Carta de Derechos.
Interesante... Los fundadores de los Estados Unidos crearon la Autoridad política con tres legitimaciones que ningún otro pueblo ha podido igualar: Legitimación moral de la ruptura con la Corona británica mediante la Declaración de Independencia de 4 de Julio de 1776. Legitimación republicana de la Constitución federal de un poder personalizado y electivo, con la segunda Constitución, redactada por un comité presidido por Washington, tras el insólito hecho, que tanto impresionó a Tocqueville, según confiesa en la Democracia en América, de la auto-suspensión del poder colegiado que estableció la primera Constitución. Legitimación democrática del ejercicio del poder, mediante las Enmiendas constitucionales de 1791, presentadas por Madison como “barreras contra el poder en todas las formas y en todos los comportamientos del gobierno”. Antonio Ga-Trevijano, Teoría Pura de la República, EDICIONES MCRC.
En realidad, en los Estados Unidos se da una mezcla de los dos sistemas de gobierno: republicano y democrático. La gente disfruta de sus derechos  naturales de la República dados por Dios. En una democracia, los ciudadanos gozan de privilegios concedidos por el gobiernotambién conocidos como derechos civiles. De ahí los del Partido Demócrata y Partido Republicano,
Hay que situarse en el momento histórico: cuando los patriotas tuvieron la victoria en sus manos después de la Guerra de Independencia se vieron obligados a enfrentarse a decisiones muy importantes para no repetir las lacras endémicas de la "vieja y corrupta Europa", así que se encontraron ante la gran división política intelectual en qué basar lo que querían hacer con esa libertad conquistada a sangre y fuego. La respuesta se hallaba en dos filósofos políticos: Hobbes y Locke. Hobbes defendía que el poder se inclinase hacia el lado del gobierno y como consecuencia que la soberanía residía en el estado. Locke, por el contrario, estaba del lado de la gente y creía que la fuente de la soberanía era del pueblo por encima del estado.
Tengo la esperanza de que los EE.UU. Con todos sus defectos continúen siempre por el camino de la república porque personalmente valoro la libertad individual. No quiero vivir en una colmena.

Thomas  Jefferson dijo que la libertad y la ignorancia no podían coexistir.
Thomas Jefferson por Rembrandt 1800
España no ha sabido nunca lo qué es una democracia y no digamos ya una república, en el sentido purista del concepto: es imprescindible una amplia campaña de difusión de criterios que sean verdaderos y no estén vacíos de contenido, como pasa con el populismo porque su única función es abastecer los intereses de la casta parasitaria y no los del ciudadano.

En mi próximo artículo, dibujaré una situación que servirá de ejemplo para traducir de forma práctica lo que deberíamos hacer los españoles, según criterio de importantes estadistas, para empezar a solucionar los problemas que tenemos. Desde luego, sin una república en ese sentido puro de la palabra, resulta totalmente imposible solucionar nada y estaremos dando palos de ciego. Peor todavía: si no tenemos un golpe de suerte dejaremos a nuestros hijos y nietos la peor herencia que los españoles hayamos legado nunca a las futuras generaciones. Nuestra excusa - nuestra luctuosa historia - y nuestra responsabilidad es habernos dejado guiar por una nefasta ingeniería social. Y esto debemos solucionarlo sí o sí.

Os invito ahora a una clase magistral:



Vicente Jiménez