Hay un día en que mira por donde todos los políticos se ponen de acuerdo en algo y te hacen llegar el mismo mensaje... “Hoy toca ir a votar”. Y después en todos los canales de TV las mismas escenas de lugar y hora con los candidatos introduciendo su voto en la urna, acompañado de su cónyuge; aplausos y marea de fotógrafos. Ser reportero ha dejado de ser un acto romántico como nos los pintaron en las viejas películas de cine negro americano. Ese día se olvidan las peleas televisadas: “Aquí lo democrático es que vayáis a votar”.
¿Y
si votas tú?
Supongamos que
seleccionas y metes en un sobre la papeleta esa famosa que te
presentan los partidos políticos con sus respectivas listas de
candidatos, después del machaqueo del periodo electoral. Tienes
muchas donde elegir, y eso te da la sensación de que al escoger una
de ellas estás ejerciendo tu consabido “derecho al voto". En ese
momento, no se te ocurre que los nombres que te aparecen en ella han
sido nombrados a dedo por el jefe de partido; y puede que dos o tres
personas más de confianza. No han sido seleccionados en una votación
llevada a cabo por todos los integrantes de ese partido. Ni siquiera
una representación de esos socios ha sido la electora. Y desde
luego, lo que nunca, nunca, nunca serán elegidos en una
partidocracia es por los votantes. Pero aunque los nombres de la
lista los hubiéramos elegido los ciudadanos, seguirían
representando no al ciudadano, sino al partido. Por ello, lo de las listas abiertas, podamos
elegir nosotros o cambiar el orden, no nos sacaría de la situación,
porque ese nombre representarían
al partido. Se presenta por el partido, no por nosotros.
Representará al partido, no a nosotros. Mal empezamos, pero sigamos.
¿Os imagináis
las luchas intestinas, odios, envidias, corrupción, obediencia ciega
al jefe, falta de crítica, traiciones, que el simple deseo de
mantenerse en el puesto con sus privilegios puede comportar un
sistema así? Nombrar a dedo tiene muchos números para que se den
casos de nepotismo (metes a la familia), amiguismo, intereses
personales, ausencia absoluta de mérito, cleptocracia (meter mano en
la caja), carencia de formación de los candidatos y todos los males que después se
han vertido en esto que llaman democracia nuestros políticos. Y el
mal se extiende como una mancha
de aceite, porque quienes aparecen en los primeros puestos de
las listas saldrán elegidos y serán jefes de otros nombrados también a dedo
que a su vez serán jefes de otros... y así la interminable cadena
hasta llegar a los últimos
pesebristas que perciben las últimas migajas del pastel.
Nadie podrá negar que nos hallamos ante el manual básico para que
se establezca, con muchas papeletas, la corrupción. Y si por
desgracia algo empieza funcionando gracias a la corrupción, seguirá
de la misma manera. Peor aún, como la manzana podrida pudre a las
demás; si otro partido ve que esto al vecino le ha funcionado bien,
se plateará ¿por qué yo no? Y también tendrá papeletas para
apuntarse al carro. Y si esto pasa, se crea un efecto
dominó con los demás partidos, donde se reiterará el
proceso. Cuando se da un efecto dominó, si una ficha queda en pie es
porque ha habido mala planificación o por simple azar. Así que la
excepción confirmaría la regla de la corrupción.
Bueno, pues ya
tenemos a los diputados. Como deben obediencia a su amo votarán a su
jefe, que así se autoenviste
Presidente de la Nación, olé. Por lo tanto, al presidente no
lo han elegido los ciudadanos, sino que él mismo ha elegido a
quienes lo tienen que elegir, y en un solo acto y sin votación
previa, todo resuelto... surge un ¿Presidente!
¿Y
si no metes nada en el sobre y votas?
Eso es lo que
llaman voto en blanco. Si
tomas esta opción significa que estás de acuerdo con este sistema
oligárquico de partidos pero que no te gusta ninguna de las opciones
que te han presentado. Eso sí, si te hubiesen presentado a algún partido de tu gusto los hubiese votado porque estás completamente de acuerdo con este sistema. Votar en blanco es aceptar el sistema igual que si hubieses votado a un partido: estás de acuerdo con lo que hay.
El voto en blanco
cuenta en el escrutinio y además en las estadísticas de
participación. Estas estadísticas son las que legitiman al gobierno
que se forme. Ojo al dato.
Entonces, ¿Qué
pasa con el voto en blanco? Al aplicar el sistema D’Hondt, que es
el que escogieron para España, los partidos pequeños lo tendrán más crudo
para alcanzar el 3% necesario.
¿Y si metes en el sobre cualquier modificación en la papeleta u otro papel?
Con eso
lo que haces es que contabilicen el voto como
nulo. No afecta en las cuentas pero si cuenta en la
participación. Está claro que has votado y te contarán en el % de
votantes.
¿Y
si no vas a votar?
A no ir
a votar se le llama abstención.
Eso contabiliza para los políticos y sus correas de trasmisión (los
medios) como día de playa, pasotas o vagos si son pocos quienes se
abstienen. En estos momentos, la situación es diferente. No hay nada
que aterrorice más a los políticos que verse sin votantes. Si los
que se abstuviesen fuesen un 60% no podría evitar el mensaje de que
este sistema de partidocracias está acabado... los ciudadanos lo
rechazan. Sería un directo tan fuerte al estómago de todos los
políticos que los dejaría KO, además de un escándalo
internacional. Las próximas Europeas pueden iniciar el camino de la
república constitucional o
la monarquía constitucional.
Me da igual, mientras la constitución
se limite a un reglamento neutro
como el ajedrez carente de ideologías, que separe poderes y permita
no solo la representación de la sociedad civil sino que cualquiera
se pueda presentar como diputado de distrito con carácter
imperativo, o Presidente de la Nación. La abstención también es una forma de expresar nuestra voluntad y de cambiar las cosas.
Vicente
Jiménez








